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Publicado el 07 de mayo de 2025 por Pastor Carlos H. Rivas

Cuando Roma busque pastor y no príncipe

Una mirada evangélica ante la elección del próximo Papa.

He escuchado decir que el próximo Papa debería tener la humildad y la cercanía de Francisco, la profundidad teológica de Benedicto XVI, el ardor evangelizador de Juan Pablo II y la sonrisa luminosa de Juan Pablo I. Una combinación admirable, sin duda. Como si se buscara reunir en un solo hombre lo mejor de cuatro pontífices que marcaron distintas generaciones. Pero me pregunto si esa es realmente la medida que debemos usar.

Porque más allá de los perfiles y carismas personales, lo que el mundo necesita hoy no es un nuevo príncipe eclesiástico, sino un verdadero pastor. Un hombre con el corazón rendido al Reino de Dios. Un líder que entienda que la Iglesia Católica Romana —como cualquier expresión del Cuerpo de Cristo— no existe para perpetuarse, sino para servir. No para custodiar estructuras, sino para proclamar esperanza.

Como pastor evangélico, no me mueve la política eclesiástica ni me cautiva la pompa vaticana. Pero me importa, profundamente, el testimonio que la Iglesia da al mundo. Y en este tiempo de heridas abiertas y corazones inquietos, anhelo ver un Papa que tenga el coraje de mirar menos hacia adentro y más hacia los que están afuera. La Iglesia no fue llamada a construirse altares a sí misma, sino a ser un altar para los cansados, un puente hacia lo eterno.

Se necesita un Papa que entienda que el Evangelio no es una joya de museo, sino pan del cielo. Que no se guarda en vitrinas ni se defiende con espadas teológicas, sino que se parte y se entrega en la mesa de los marginados. Un Papa que no tema el diálogo con otras religiones, que no las vea como enemigas, sino como interlocutoras en el dolor del mundo y en la búsqueda del Dios verdadero, que no cabe en ningún templo humano.

Un líder que desmonte la autorreferencialidad eclesial. Que no haga del Vaticano una fortaleza, sino una tienda abierta. Que entienda que la Iglesia no es el fin, sino el medio; no la meta, sino la señal en el camino. Un Papa flechado por la justicia, la paz, la libertad, la vida, la verdad y el amor.

“El que es el mayor de ustedes será su servidor.” — Mateo 23:11 (NVI)

Y si ese hombre llega a ser elegido, no será grande por el brillo de su figura, ni por la elocuencia de sus encíclicas. Lo será por permitir que brille el Evangelio a través de su vida. Porque más que un perfil ideal, lo que el mundo necesita es un testimonio encarnado. Y más que un gobernante espiritual, lo que Dios busca es un siervo. Un servidor del Reino.

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